Por: Carlos Martín del Campo R.

Para un pescador no hay mejor cosa que poder compartir la pesca con los amigos, sin embargo creo que cuando la compartes con los hijos o la familia se vuelve una experiencia que no tiene igual y creo que todos anhelamos eso; particularmente me siento agradecido porque he tenido la fortuna de poder compartir grandes jornadas, viajes y convivencias con mis amigos y familia.

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Para un pescador no hay mejor cosa que poder compartir la pesca con los amigos, sin embargo creo que cuando la compartes con los hijos o la familia se vuelve una experiencia que no tiene igual y creo que todos anhelamos eso; particularmente me siento agradecido porque he tenido la fortuna de poder compartir grandes jornadas, viajes y convivencias con mis amigos y familia.

No quiero dejar pasar la ocasión para narrarles una experiencia maravillosa que tuve el sábado 17 de Junio, justo el día previo al día del padre, por lo que para mi fue el mejor regalo que pude tener, por lo que jamás lo podré olvidar. Ese sábado muy temprano nos dirigimos hacia Entre Valles, Quique, Leslie, Paco Castillo, su esposa Ángeles y Nuri su hija, Vero mi esposa y mi hijo Asiel de tan solo 2 años de edad, recién cumplidos y un servidor; este día era muy especial para mi debido a que esta salida había sido organizada especialmente con el propósito de llevar a mi hijo a lo que sería su «Primer día oficial de pesca».

Mi hijo Asiel desde que cumplió 2 meses de edad nos ha acompañado a los viajes que hemos hecho a lugares como: Chautla, La Pesca en Tamaulipas, El Pedregal, Zimapán, entre muchos otros.


Un nuevo pescador que trae la pesca en la sangre!!!

Llegamos a Entre Valles aproximadamente a las 8 de la mañana, y el día estaba en verdad hermoso, así que nos preparamos para pescar; Juan, que por cierto estaba igual o más emocionado que yo, se dispuso a preparar la caña que Asiel usaría, y al tener todo listo nos dirigimos hacia el lago y nos acomodamos, y ahí estábamos viendo a mi hijo sentado a la orilla del lago, muy atento a la caña y al carrete, así que una vez puesto su plomo y un poco de carnada la lanzamos por primera vez, y él no paraba de mirar el agua y decir: «truchi» -porque así le llama a las truchas-; recobramos la línea ya que sentimos unos jaloncitos y nos percatamos que se habían llevado la carnada, así que le volvimos a poner y lanzamos de nuevo poniéndola en sus manos y con un poco de ayuda para que no la soltara y por supuesto con la esperanza de que se le prendiera una grande, ya que en ese lugar hay truchas por arriba de los 3 kgs.

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La primera trucha del día!!!
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Así que luego de esperar unos minutos se prendió la que sería su primer captura, es decir la primer trucha que el ha pescado en su vida!!, aunque le ayudamos un poco, lo dejamos sentir los jalones de la trucha, ya que por un momento dejamos que él sólo manejara la caña, con el temor por supuesto de que soltara la caña al sentir los jalones, pero cual va siendo la sorpresa al ver que no soltaba la caña, ni se espantaba, sino por el contrario estaba emocionado y cuando yo le decía que girara la manivela del carrete – ya que en casa tiene una caña con la que practica (juega) y que le sirve de escuela – él lo hacía entendiendo perfectamente a lo que yo me refería; en la medida que se recobraba la línea se acercaba la trucha, y ya que pudimos ver su brillo muy cerca de la superficie le decíamos a mi hijo: Ya viene! ahí está tu trucha! (una trucha como de 400 ó 500 grs.) ya cuando pudo verla fue tal su emoción y asombro que se sonrío de manera nerviosa, con una expresión en su rostro que a su corta edad yo nunca había visto; entonces Juan tomó con cuidado la línea de la caña para sacar por completo la trucha del agua, le quitó el anzuelo y fue cuando Asi el tomó la trucha con sus manos, la abrazo y hasta un beso le dio; fue un momento de absoluta emoción en el que lo festejamos y todos le decíamos que ya era todo un pescador; durante el trayecto del día pudo experimentar con 3 truchas más la misma emoción.

Puedo decirles con toda certeza que a sus 2 años se comportó como un verdadero pescador.

Estoy consciente de que mi responsabilidad no se limita a enseñarle las técnicas apropiadas de pesca, sino a inculcarle el respeto y cuidado a la naturaleza para que en el futuro sea no solo un hombre de bien, sino un pescador integro y responsable.

Su primer pelea con una trucha.