Por: Javier Altamirano Fernández, [email protected]
MX FLIES

Se requiere un poco de fanatismo para pescar truchas en los ríos de las serranías de México, tener un espíritu aventurero es primordial para recibir con buen ánimo los días fríos y húmedos, las pequeñas y grandes cañadas por siempre resbaladizas que hay que sortear, las dificultades técnicas y físicas para lanzar la mosca sin ser vistos por los peces en los pequeños ríos transparentes protegidos por la estrecha vegetación.

Javier Altamirano

Todo esto con la idea de llegar a lugares muy poco frecuentados con pesca muy técnica de truchas lo más acercado a lo salvaje. Entre los diversos tipos de pesca, las truchas de Montaña ofrecen una posición privilegiada de compenetración con el paisaje al transitar por escenarios únicos.

La oportunidad de pescar en arroyos y ríos sin tanta presión de pesca ni presencia de pescadores, explorar y encontrar los escondites de las truchas, competir con su sagacidad, intentar engañarlas con nuestras moscas siempre percibiendo y entendiendo el entorno; hace que todo valga la pena y es la mejor escuela para engancharse en la pesca con mosca de trucha de Montaña.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Durante algunas horas, agazapados, agachados y en cuclillas para que las truchas no nos vean, pero nada resulta, se espantan o simplemente no toman la mosca, la elección inicial de la mosca suele ser muy concienzuda, un aspecto casi sagrado, se le da una importancia fundamental en el éxito en una jornada de pesca. Pero en realidad…

“No existe una mosca perfecta que salve una jornada de pesca”

Hay moscas que trabajan mejor en diferentes circunstancias, en un día determinado, puede ser mucho mejor que una mosca se pueda ver fácilmente cómo trabaja en la corriente de un arroyo de manera natural y que sea de alta flotación, quizás de corcho o materiales sintéticos aunque sea moderadamente atractiva para los peces; que la «mosca perfecta», que no se puede ver cómo trabaja y que se hunde fácilmente.

Por supuesto, es mejor cuando los dos elementos coinciden: una mosca atractiva que trabaja perfectamente.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Admitiendo que no se tiene una combinación perfecta en la caja de mosca, si recurrimos a las tres dimensiones cuando se selecciona una mosca: tamaño, color y forma (es decir, el tipo de insecto a ser imitado), hay que encontrar por los menos 2 características y el tamaño es casi siempre la dimensión más importante.

“Si luce como comida y es del tamaño correcto es una captura segura”

Y es verdad, basta con dar vuelta a alguna de las piedras del río para darse cuenta de la cantidad de alimento (todo tipo de insectos, larvas e incluso eclosiones) con que cuentan estas truchas, razón por la cuál a veces son selectivas a la hora de comer.

Si no tenemos una imitación perfecta, a través del movimiento natural o inducido podemos tentar a las truchas a que tomen nuestra mosca, puede ser con movimientos erráticos realizados con la punta de nuestra caña, o recogiendo la línea a diferentes velocidades, así podemos lograr que la mosca patine sobre la marcha como si estuviera tratando de despegar del agua o que nade en forma errática como las ninfas de las libélulas.

Una técnica muy efectiva es la de lanzar ninfas emergentes a favor de la corriente, se castea corriente abajo buscando una planta acuática, una piedra o cualquier objeto, ya que la ninfa cuando está a punto de eclosionar se encarama en ese tipo de estructuras. Se sigue con la punta de la caña el trayecto de la línea, la ninfa irá a la deriva libremente cerca del fondo del arroyo hasta que encuentre un obstáculo, en ese momento se tensará la línea y la mosca subirá a la superficie de manera casi natural como lo hacen las ninfas emergentes, en ese preciso momento se logran muchos ataques de las truchas.

Hay que estar siempre atentos ya que durante todo el trayecto de nuestra mosca a la deriva se producen embestidas, a veces muy notorias pero en ocasiones apenas se perciben.

“La selección inicial de la mosca nos quita tiempo muy valioso, es más importante corregir durante el transcurso de la jornada de pesca”

Tomando en cuenta que los pequeños ríos generalmente crían moscas pequeñas, debemos siempre estar preparados con moscas en un rango del #12 al #18, siendo muy productivas las del #14 y #16. Dos ninfas con las que por lo general se tiene un gran número de capturas son la Pheasant Tail Flash Back y la Hare’s Ear, ambas con una “bead” que puede ser de latón o tungsteno y permite un hundimiento rápido y natural de la mosca sin agregar volumen al cuerpo de la misma.

Lo bueno de estas dos moscas, entre otras, es que se puede pescar en cualquier tipo de estructura: agua lenta, rápidos, pozas (pools), pequeñas olas (riffles).

El río serpentea, sube y baja, se hace ancho y otras veces angosto, hay que caminar, escalar y vadear, la selección de la caña y el equipo que se carga es fundamental para el buen desempeño dentro de las largas jornadas de pesca en terrenos accidentados.

Generalmente ya contamos con una caña del #3, #4 o #5, pero el problema es que seguramente es demasiado larga, quizás de unos 8 o 9 pies, y aunque sirve, no es lo óptimo para lanzar y moverse sin dificultad entre las estrechas cañadas, arbustos y árboles que protegen a los arroyos. Siempre vamos a tener obstáculos ya sea adelante o atrás que van a dificultar el casteo y por consecuencia la presentación de la mosca, inclusive en muchas ocasiones solo se deja caer la mosca para que vaya a la deriva y una vara larga resulta estorbosa para realizar estas acciones.

Una caña de 6” o 7” pies nos facilita las cosas, podemos lanzar de lado (sidearm casting) para evitar los obstáculos naturales sin mayor problema y movernos libremente por toda la orilla de los ríos logrando mejores presentaciones de nuestras moscas y recorreremos mayor distancia durante nuestras incursiones en los ríos de las Serranías.

El carrete no es de suma importancia en este tipo de pesca, no es fundamental el sistema de frenado o “drag” del mismo, lo recomendable es que sea ligero y en armonía con el peso de la caña para lograr un balance adecuado y complementado con una línea de flotación de buena calidad.

Un buen par de lentes para el sol y así evitar los reflejos en el agua para detectar a las truchas y una gorra protectora son esenciales, al igual que unas botas ligeras pero resistentes y de preferencia con suela antiderrapante, además, de ser posible; unos vadeadores ligeros, cómodos y flexibles a la cintura de los denominados “” (que respiran). Ya que se recorren grandes distancias y casi siempre hay que escalar y en algunos casos se tiene uno que meter al rio para atravesarlo y encontrar un mejor paso ya que las empinadas cañadas no permiten seguir el camino a la orilla del río.

Una incursión a los ríos de las montañas por lo menos demanda 8 horas de esfuerzo físico y mental, la ropa técnica y el equipo de pesca adecuado aunque no son vitales, muchas veces hacen la diferencia en cuanto al rendimiento y el éxito en una expedición de pesca.

Las truchas toman la mosca en muchas zonas: en la corriente, en los recodos, detrás de la piedras, en las orillas sombreadas y aunque pequeñas por naturaleza: son salvajes y peleadoras.

Para muchos de nosotros la emoción de la captura de la trucha ha pasado de ser una pasión a una adicción que nos ayuda y compromete a fomentar el conocimiento de la pesca y su práctica comprometida con la conservación de las especies y el medio ambiente…

Esperemos que la pesca de la trucha salvaje de la Montaña pueda ayudar a alimentar esa adicción.
Esperemos que la pesca de la trucha salvaje de la Montaña pueda ayudar a alimentar esa adicción.
Menú principal